EL 'CHINATOWN' ESPAÑOL
EL MAYOR 'MERCACHINA' DE LA UE ESTÁ EN ESPAÑA
Un trabajador transporta cajas en una de las naves de fuenlabrada,
Madrid. / RICARDO CASES. Las enormes letras doradas que cuelgan
en lo alto del gran almacén rompen con el gris plomizo
de los edificios que se apiñan en la zona industrial.
Un inhóspito lugar, próximo a Madrid, dominado
por la simbología asiática. En él, la
palabra Mercachina reluce. Es el nombre de uno de los gigantescos
centros atestados de comerciantes chinos cuya denominación
lo dice todo. Repleto de diminutas tiendas en las que el comprador
está obligado a adquirir un mínimo de 12 productos
-la factura, si uno quiere, no pasa de 7,5 euros, un dinero
por el que pueden adquirirse, por ejemplo, hasta una docena
de vaqueros-, sus inquilinos no paran de hacer caja. La inminente
llegada de las Navidades ha disparado con creces sus ventas.
Lo mismo que en el resto de las 275 empresas chinas de distribución
comercial colindantes que se agolpan, desordenadamente, en
el conocido polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada (197.000
habitantes), a escasos 20 kilómetros de la capital.
Allí se ha erigido el mayor recinto
comercial asiático de Europa, centro de operaciones
de las mercancías procedentes de la República
China, convertida en el gran cliente de Occidente.
Las buenas perspectivas para la campaña
navideña se reflejan en el ajetreo de cualquiera de
sus naves, donde la actividad de carga y descarga llega a
confundirse por la maraña de vehículos estacionados
en las calles. Son dos millones de metros cuadrados saciados
de productos con los que abastecer las ansias consumistas
de los europeos y, sobre todo, de los españoles. Es
aquí, precisamente, donde el consumo se deja sentir
más en la marcha de la economía, cuyo patrón
responde aún al vigor del ladrillo y de la fiebre compradora.
Los expertos calculan que esta variable se
dispare un 3,6% en 2006 -tendrá el mismo comportamiento
que el Producto Interior Bruto (PIB)- para bajar, ligeramente,
al 3,1% en 2007. Porcentajes que se traducen a cifras más
manejables: cada hogar español destinará una
media de 900 euros durante las próximas fiestas, un
6% más que en 2005, según la consultora Deloitte.
De esa cantidad, 523 irán a parar a regalos y, el resto,
a comida y ocio. Teniendo en cuenta que en Navidad se efectúa
el 20% de las compras del año, el castizo Chinatown
se prepara para hacer su agosto en invierno.
Ming, una asiática que llegó
a Madrid hace siete años, regenta una tienda de moda.
Posee, en la región de Cantón, varias fábricas
textiles que la surten de mercancía. Ésta llega
semanalmente por avión. Una práctica que, en
su opinión, «es cuatro veces más barata»
que si hiciese la compra en España. Su almacén
de venta al por mayor es especialista en prendas de fiesta.
En él se pueden adquirir vestidos de novia a 19,5 euros
la unidad. «Eso sí, quito las etiquetas 'made
in china'. La clientela dice no gustar», asegura sin
dejar de sonreír. Ming desvela que no hace pedidos
a nadie -el NIF es la única identificación necesaria
a la hora de materializar un encargo- por importe inferior
a 500 euros, aunque da la posibilidad al cliente de incluir
o no el IVA en la transacción. Pagos que sólo
se efectúan al contado y que son una constante en todo
el polígono, donde apenas se divisan sucursales bancarias.
En una de ellas, que diariamente registra colas en horas punta,
es fácil toparse con clientes chinos que abrazan cajas
de cartón. «Es donde transportan el dinero que
envían a su país», sostiene uno de los
empleados de la oficina bancaria.
El constante ir y venir de camiones, furgonetas
y repartidores entorpece el tráfico en las avenidas
de Cobo Calleja, el destino favorito de toda clase de ventas
-textil, zapatería, perfumería y cosmética,
juguetería, artículos de fiesta, informática-.
El ambiente apabulla al visitante, sorprendido
del espíritu emprendendor de los asiáticos,
llegados a España con la obsesión de establecer
un negocio. De los 85.700 chinos que hay en el país
-repartidos entre Madrid y Barcelona, sobre todo-, más
de 10.000 trabajan en el polígono madrileño
-legalmente hay contratados 3.157-. Construido en los años
70, al margen de la normativa urbanística, encierra
un fenómeno que pretende extenderse a Barcelona y Valencia,
los dos puertos a los que también llega la manufactura
china.
Los empresarios asiáticos se disputan
las pocas naves que quedan en esta zona en manos de industriales
españoles, lo que ha disparado los precios. Los empresarios
chinos están dispuestos a pagar, también al
contado, hasta 2.500 euros por metro cuadrado de los pocos
locales disponibles. En el año 2000, el metro cuadrado
estaba a 720 euros.
Otros han preferido mantener la propiedad
del local y cobrar suculentas rentas por el arrendamiento.
El alquiler por un establecimiento de unos 70 metros cuadrados
ronda los 3.500 euros al mes. E incluso se exigen traspasos
por encima de los 100.000 euros.
«Llegan con ofertas irresitibles. A
mí me han llegado a ofrecer dos millones de euros por
mi almacén en efectivo», asegura el propietario
de una nave del Cobo Calleja a punto de jubilarse.
En Madrid, la promotora GMR quiere levantar
cuatro Chinatowns. «Sabemos que están en conversaciones
con la Comunidad y la Alcaldía, pero a nosotros no
nos han dicho nada», aseguran fuentes del consistorio
de Fuenlabrada. La empresa, que no ha querido pronunciarse
al respecto, no es bien vista por algunos sectores de la comunidad
china, poco habladora y apenas conflictiva.
La fuerte actividad del polígono da
verdaderos problemas al consistorio. Y no por la escasa limpieza
viaria y el tráfico. Las ordenanzas municipales tienen
tipificado el almacenamiento como uso compatible con la industria.
Pero los locales no se emplean sólo para distribuir
mercancías. «No distinguen esa actividad del
uso comercial y, además, venden también al por
menor. Se necesita más personal para controlar»,
reconocen en el Ayuntamiento.
«Ahora hay dos grupos de inversores
chinos. Los consolidados, que suministran a las grandes superficies
europeas, y los que no tienen capital suficiente y, por tanto,
realizan prácticas ilegales», admiten en el consistorio,
cuyos servicios de seguridad han detectado, en más
de una ocasión, que en las entreplantas de los sótanos
malviven empleados.
Son hechos que incitan a que los empresarios
españoles achaquen la actividad comercial china a la
piratería y al incumplimiento de la legislación,
a pesar de que en esta localidad, los centros comerciales
españoles han incrementado el volumen de sus pedidos.
El gigante asiático exporta su ropa a un precio inferior
al de Occidente -un 60%-, donde vende más de 20.000
millones de prendas al año. El transporte se hace en
barco y, al llegar a puerto, la policía de Aduanas
apenas puede comprobar uno de cada 1.000 contenedores. Precisamente,
fuentes de la Policía consideran que Cobo Calleja «es
el centro de la piratería de la UE». Los propios
dependientes de las lonjas ofrecen, sin tapujos, a los minoristas
cualquier imitación. En menos de una semana, aseguran,
se comprometen a servir 300 o 400 prendas idénticas
a las que se exponen en los escaparates de cualquier cadena
de moda.
Como falsificaciones se pueden encontrar
los artículos más insospechados. Precisamente
ayer la Policía Nacional detuvo a cinco personas en
Madrid, Valencia y Barcelona acusadas de importar réplicas
de imágenes religiosas falsas desde China. Se intervinieron
9.298 figuras representantivas de San Pancracio, San Cristóbal
y la Virgen del Carmen, valoradas en más de 158.000
euros, informa Efe.
Los comerciantes españoles también
han denunciado irregularidades: en el Impuesto de Actividades
Económicas -afecta a la Agencia Tributaria-, el empleo
de mano de obra de menores, infracciones a la Seguridad Social
y falta de licencias de apuertura.
«Estos comerciantes están disfrutando
de nuestras infraestructuras, sanidad, educación, etc.
Pero, sin embargo, el dinero que recaudan no repercute en
el bien de nuestra economía, porque no pagan impuestos
ni cotizan a la Seguridad Social» es una de las quejas
del resto de los empresarios que trasciende de un estudio
sobre bazares y tiendas de conveniencia no integradas elaborado
por la consultora Quota Research para el ministerio de Industria,
Comercio y Turismo.
Los empresarios creen que si la comunidad
china cumpliera con sus obligaciones fiscales no ofrecerían
unos precios tan competitivos. «Aprovechan los espacios
para esconder productos no declarados», dice el portavoz
de uno de los colectivos empresariales, que denuncia la existencia
de mafias que operan en el inmenso polígono que abre
todos los días al público y que sólo
echa el cierre por descanso el día de Navidad.
Se da la paradoja de que China es culpable
del déficit exterior nacional. Un informe de la Caixa
señala que las importaciones procedentes del país
superan el 5% de las compras totales -8.769 millones de euros-
en el exterior, y que las exportaciones son sólo un
1% -1.093 millones-.
El poderío chino en el sector del
comercio español no se explicaría sin el control
absoluto que han tomado de todos los eslabones de la cadena:
desde la fabricación, pasando por la distribución
mayorista hasta controlar el punto de venta. Así, pueden
marcar unos precios notablemente más bajos a los que
venden los empresarios españoles.
Muy lejos queda ya la década de los
80 cuando los asiáticos iniciaron su aventura empresarial
en España con la apertura de restaurantes especializados.
La hostelería se quedó pequeña para tanto
inmigrante y buscaron su hueco en el sector de la venta minorista.
Reinventaron el negocio del bazar y popularizaron
los 'todo a cien'. Poco a poco, se han ido haciendo hueco
en otras actividades. Los comerciantes chinos se encuentran
por doquier y ya no sorprende que un ultramarino de barrio,
un comercio de ropa, una zapatería o una papelería
estén regentados por un asiático. Según
revela el informe elaborado por Quota Research la proliferación
de estos establecimientos se explica en «la facilidad
con la que consiguen locales para establecer los negocios
a través de las mafias».
La mayoría se abastecen de los productos
que se comercializan en las naves que se ubican en polígonos
como el Cobo Calleja, si es que no son propiedad de los mismos
mayoristas.
Fuente: ElMundo.es 3/12/2006